viernes, 5 de octubre de 2012

Chavez Un antimodelo para la izquierda

Mi traducción de un artículo que considero indispensable publicado en Francés en Le Monde.



Un antimodelo para la izquierda


Traducción TA

LE MONDE| 04.10.2012 a las 16:19 • actualizado a las 16:19 04/10/2012

Por Marc Saint-Upéry, ensayista y traductor

Presentar hoy la experiencia chavista como una inspiración para la izquierda europea es simplemente una estafa intelectual. Si se pretende debatir acerca de Venezuela, vale más sustituir un análisis serio a las medias verdades propagandistas esgrimidas en las visitas guiadas a los pueblos Potemkine del circo bolivariano.

Observador y militante sobre el terreno de los procesos políticos y sociales suramericanos desde hace quince años, también soy elector del Frente de Izquierda. Es a ese doble título que deseo aportar mi punto de vista. 


Beneficiaria de la más abundante maná petrolera de su historia, Venezuela se comprometió a partir de finales del año 2003 en una política de reducción de la pobreza meritoria, pero muy problemática tanto en sus métodos como en la sustancia.


Ella se enfrenta desde hace cinco años a los límites intrínsecos en tanto que persisten ose agravan los problemas agudos de inseguridad, de inflación, de vivienda y de sub-empleo. En cuanto a la marcha hacia el “socialismo”, señalemos simplemente que la parte del sector privado en la formación del PIB venezolano ha de hecho aumentado en los mandatos de Hugo Chávez.


Paralelamente a la decadencia acelerada de las “misiones” bolivarianas –brevemente revitalizadas a golpe de petrodólares antes de cada elección-, lo que no hay es una verdadera política social articulada a una reforma coherente del aparato del Estado. Lo social, en Venezuela, son operaciones de comando extra-institucionales, sin horizonte sostenible definido, a veces militarizadas, o bien directamente gerenciadas por un Estado extranjero a cambio de regalos petroleros.


Ninguna necesidad de prestarle oreja a la propaganda de la derecha local para comprender como esta política envejecida se inscribe en la lógica perversa del petro-Estado venezolano. En un documento fechado 2011, el Partido Comunista venezolano, aliado discretamente reticente de Hugo Chávez, señala no solamente que “el modelo de capitalismo dependiente de la renta e improductivo dominante en nuestro país se perpetúa, además que se refuerza”.


Se constata que no hay “ningún progreso en materia de diversificación de la economía” y por el contrario hay una grave profundización de su dependencia –tecnológica y alimentaria en particular- y el triunfo de una burguesía importadora parasitaria.


Los comunistas venezolanos subrayan además que las iniciativas económicas de tipo cooperativo o “empresa de producción social” promovidas marginalmente por el régimen tienen “muy poco éxito- un eufemismo educado vistos los desastres observables en el terreno.

Denunciando los daños del hiperpresidencialismo y la ausencia total de “instancias de dirección colectiva” ellos describen el Estado bolivariano como “altamente ineficaz”, constatan una “intensificación de la corrupción” y deploran, al lado de avances sociales parciales y frágiles, una verdadera “regresión en materia de planificación, de coordinación y de prestación de una serie de servicios públicos fundamentales”. Concusión: “No se puede ocultar el foso entre el discurso “socialista” de ciertos actores gubernamentales y la práctica concreta del gobierno, y la tensión que resulta ha llegado a un punto crítico”.

Es el mismo diagnóstico que emiten numerosas organizaciones políticas y sociales de izquierda y las decenas de miles de militantes progresistas honestos que, en estos últimos años, han tomados sus distancias con relación al proceso bolivariano. Inmediatamente tratados de “traidores” y de “agentes del imperio” por los esbirros del régimen, ellos tienen sin embargo cien veces razón de denunciar las contradicciones evidentes y la cultura política ultra-autoritaria constantemente reafirmada por la voz de su amo: “Yo exijo la lealdad absoluta a mi liderazgo. Yo no soy un individuo, yo soy un pueblo… Unidad, discusión libre y abierta, pero lealdad… Todo el resto es traición”. (Hugo Chávez, enero 2010).

Resumamos. En el plano social, a los esfuerzos redistributivos de los años 2004-2006 –pasablemente erráticos pero con el mérito de poner la cuestión social al centro del debate político- ha sucedido una fase de estancamiento ligada a gravísimas disfunciones de un Estado rentista colonizado por la boliburguesía (la “burguesía bolivariana”).

En el plano económico se constata una profundización vertiginosa de un modelo parasitario, dependiente y corrupto que Chávez no ha inventado, pero del que ha llevado al extremo todas las características más nefastas. En el plano internacional, hace mucho tiempo que todo el mundo sabe en América latina que a causa de sus incoherencias y su histrionismo estéril, Chávez ha perdido la batalla del liderazgo regional.

El discurso “anti-imperialista” del régimen, cuyas relaciones petrocomerciales con los Estados Unidos son excelentes, se resume en un apoyo indefectible y absoluto a Mouammar Kadhafi, Bachar Al-Assad, Mahmoud Ahmadinejad o Alexandre Loukachenko. Además, Chávez es patéticamente dependiente de las multinacionales brasileñas y come de la mano de su “mejor amigo”, el Presidente colombiano Juan Manuel Santos, aliado crucial de Washington.

A nivel de las prácticas institucionales, el gobierno de Chávez no es ciertamente una dictadura, pero, para tomar una comparación europea, en una escala del autoritarismo manipulador que iría de Silvio Berlusconi a Vladimir Poutine, es muy próximo en sus métodos y su espíritu de un régimen como el de Viktor Orban en Hungría.

Justicia a sus órdenes, criminalización de los movimientos sociales y del sindicalismo de lucha (los casos “Tarnac” de Chávez se cuentan por decenas), encarcelaciones arbitrarias, prohibiciones profesionales, confusión sistemática del partido y el Estado, despreico de los mecanismos y de las garantías definidas por la constitución bolivariana, tolerancia cómplice de la corrupción en los rangos del poder y protección desvergonzada de los nuevos ricos al servicio del régimen, la lista de los abusos y las violaciones es copiosa.

Finalmente, en términos de ética militante, Chávez y su partido de rabadillas encarnan un modelo hiper-caudillista caracterizado por sus tendencias mafiosas y su charlatanismo ideológico.

A pesar de la erosión electoral constante desde 2007, Chávez conserva suficiente capital carismático para ganar las elecciones, y los Venezolanos tienen el derecho de escoger sus dirigentes sin injerencias exteriores ni campañas que los hagan ver diabólicos. Pero en el fondo, el “modelo” bolivariano es exactamente lo contrario de lo que se debería esperar de una izquierda digna de ese nombre.

Marc Saint-Upéry es autor de « El sueño de Bolívar : Desafío de las izquierdas suramericanas »,  (La Découverte, 2007)




Un antimodèle à gauche


Présenter aujourd'hui l'expérience chaviste comme une inspiration pour la gauche européenne est tout simplement une escroquerie intellectuelle. Si l'on prétend débattre du Venezuela, mieux vaut ne pas substituer à une analyse sérieuse des demi-vérités propagandistes glanées lors de visites guidées dans les villages Potemkine du cirque bolivarien.

Observateur et militant sur le terrain des processus politiques et sociaux sud-américains depuis quinze ans, je suis aussi électeur du Front de gauche. C'est à ce double titre que je souhaite apporter mon point de vue.
Bénéficiaire de la plus abondante manne pétrolière de son histoire, le Venezuela a engagé à partir de fin de l'année 2003 une politique de réduction de la pauvreté méritoire mais très problématique dans ses méthodes comme dans sa substance.
Elle se heurte depuis cinq ans à des limites intrinsèques tandis que persistent ou s'aggravent des problèmes aigus d'insécurité, d'inflation, de logement et de sous-emploi. Quant à la marche vers le "socialisme", signalons simplement que la part du secteur privé dans la formation du PIB vénézuélien a en fait augmenté sous les mandats d'Hugo Chavez.
Parallèlement à la décadence avérée des "missions" bolivariennes - brièvement revitalisées à coups de pétrodollars avant chaque élection -, ce qui fait défaut, c'est une véritable politique sociale articulée à une réforme cohérente de l'appareil d'Etat. Le social, au Venezuela, ce sont des opérations de commando extra-institutionnelles, sans horizon soutenable défini, parfois militarisées, ou bien directement gérées par un Etat étranger en échange de cadeaux pétroliers.
Nul besoin de prêter l'oreille à la propagande de la droite locale pour comprendre comment cette politique velléitaire s'inscrit dans la logique perverse du pétro-Etat vénézuélien. Dans un document datant de 2011, le Parti communiste vénézuélien, allié discrètement réticent d'Hugo Chavez, signale que non seulement "le modèle de capitalisme dépendant rentier et improductif dominant dans notre pays se perpétue, mais qu'il se renforce".
On ne constate "aucun progrès en matière de diversification de l'économie" mais au contraire un grave approfondissement de sa dépendance - technologique et alimentaire en particulier - et le triomphe d'une bourgeoisie importatrice parasitaire.
Les communistes vénézuéliens soulignent en outre que les initiatives économiques de type coopérative ou "entreprise de production sociale" promues marginalement par le régime ont "très peu de succès" - un euphémisme poli vu les désastres observables sur le terrain.
Dénonçant les dégâts de l'hyperprésidentialisme et l'absence totale "d'instances de direction collective ", ils décrivent l'Etat bolivarien comme "hautement inefficace", constatent une "intensification de la corruption" et déplorent, à côté d'avancées sociales partielles et fragiles, une véritable "régression en matière de planification, de coordination et de prestation d'une série de services publics fondamentaux". Conclusion : "On ne peut plus occulter le fossé entre le discours "socialiste" de certains acteurs gouvernementaux et la pratique concrète du gouvernement, et la tension qui en résulte atteint un point critique."
C'est le même diagnostic qu'émettent les nombreuses organisations politiques et sociales de gauche et les dizaines de milliers de militants progressistes honnêtes qui, ces dernières années, ont pris leurs distances à l'égard du processus bolivarien. Aussitôt traités de "traîtres" et d'"agents de l'Empire" par les sbires du régime, ils ont pourtant cent fois raison de dénoncer ses contradictions criantes et la culture politique ultra-autoritaire constamment réaffirmée par la voix de son maître : "J'exige la loyauté absolue envers mon leadership. Je ne suis pas un individu, je suis un peuple... Unité, discussion libre et ouverte, mais loyauté... Tout le reste est trahison." (Hugo Chavez, janvier 2010.)
Résumons. Sur le plan social, aux efforts redistributifs des années 2004-2006 - passablement erratiques mais ayant eu le mérite de mettre la question sociale au centre du débat politique - a succédé une phase de stagnation liée aux gravissimes dysfonctions d'un Etat rentier colonisé par la boliburguesía (la "bourgeoisie bolivarienne").
Sur le plan économique, on constate l'approfondissement vertigineux d'un modèle parasitaire, dépendant et corrompu que Chavez n'a pas inventé, mais dont il a porté à l'extrême tous les traits les plus néfastes. Sur le plan international, il y a longtemps que tout le monde sait en Amérique latine que, du fait de ses incohérences et de son histrionisme stérile, Chavez a perdu la bataille du leadership régional.
Le discours "anti-impérialiste" du régime, dont les relations pétrocommerciales avec les Etats-Unis sont excellentes, se résume à un soutien indéfectible et tonitruant à Mouammar Kadhafi, Bachar Al-Assad, Mahmoud Ahmadinejad ou Alexandre Loukachenko. Qui plus est, Chavez est pathétiquement dépendant des multinationales brésiliennes et mange dans la main de son "meilleur ami", le président colombien Juan Manuel Santos, allié crucial de Washington.
Au niveau des pratiques institutionnelles, le gouvernement de Chavez n'est certes pas une dictature, mais, pour prendre une comparaison européenne, sur un gradient d'autoritarisme manipulateur qui irait de Silvio Berlusconi à Vladimir Poutine, il est très proche dans ses méthodes et son esprit d'un régime comme celui de Viktor Orban en Hongrie.
Justice aux ordres, criminalisation des mouvements sociaux et du syndicalisme de lutte (les "affaires Tarnac" de Chavez se comptent par dizaines), incarcérations arbitraires, interdictions professionnelles, confusion systématique du parti et de l'Etat, mépris des mécanismes et des garanties définis par la Constitution bolivarienne, tolérance complice de la corruption dans les rangs du pouvoir et protection éhontée des nouveaux riches au service du régime, la liste des abus et des violations est copieuse.
Enfin, en termes d'éthique militante, Chavez et son parti croupion incarnent un modèle hyper-caudilliste caractérisé par ses tendances mafieuses et son charlatanisme idéologique.
Malgré une érosion électorale constante depuis 2007, Chavez conserve suffisamment de capital charismatique pour gagner les élections, et les Vénézuéliens ont le droit de choisir leurs dirigeants sans ingérences extérieures ni campagnes de diabolisation. Mais sur le fond, le "modèle" bolivarien est exactement le contraire de ce à quoi devrait aspirer une gauche digne de ce nom.
© Marc Saint-Upéry
Marc Saint-Upéry est l'auteur du "Rêve de Bolivar : le défi des gauches sud-américaines" (La Découverte, 2007)
 

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